Pablo Eduardo Ferreira. Al son que me toques…

Es increíble la capacidad que tiene el actual presidente para cada mañana, sin falta, darnos los temas, frases, ocurrencias o chistes de los cuales tenemos la debilidad de entrar en debate durante todo el día.

Cada día, a las 7:00 am, durante la conferencia de prensa que ofrece Andrés Manuel López Obrador pareciera que se “sacara del sombrero” diferentes respuestas para las preguntas que los reporteros le hacen, todo parece indicar que va improvisando absolutamente todo, que no tiene un guión a seguir y que sus ocurrencias las va sacando conforme lo requiere. En la mayoría de las ocasiones, como todo buen político, sus respuestas son evasivas, buscando desviar la atención de la pregunta misma y contestando como lo hace una persona de su edad, con frases y refranes “cómicos”.

A mí me sorprende la paciencia, dedicación y esfuerzo que hacen los periodistas para estar ahí todos los días escuchando hablar durante dos horas aproximadamente a una persona que pareciera que no sigue un libreto, que va a la conferencia “a ver que sale”. Toda mi admiración y respeto para esos periodistas.

Pero vayamos a algo más importante, ¿Qué ha logrado Andrés Manuel con sus conferencias matutinas? ¿Cuál es el verdadero objetivo de dar una conferencia de prensa diaria? No hay otro objetivo más claro que DESVIAR. Desviar la atención a las cosas mas banales y sin sentido que dice en sus conferencias. Al ya no existir el “chupacabras” ni el “chanfle” y al no querer repetir estrategias de “cajas chinas” o “cortinas de humo” de gobiernos anteriores, los allegados al presidente en turno, elaboraron un plan perfectamente orquestado, las conferencias mañaneras, durante las cuales AMLO, aunque pareciera imposible, todo lo que dice o menciona está perfectamente planeado, es parte de un guión preparado a la perfección para hacer que la gente se ocupe en criticar, debatir, defender o atacar la frase o discurso que haya dicho ese día. A Andrés Manuel no le afecta en lo más mínimo ser tachado de loco, de senil, de no tener sentido ni coherencia, es parte de su papel y él lo acepta con gusto.

Es inverosímil la facilidad con la que nos enganchamos con todo lo que dice, sus detractores están pendientes cada mañana buscando que locura dice para poder atacarlo con todo en las redes sociales; no se dan cuenta que todo eso está preparado, todo está presupuestado. Nos tiene a todos bailando al son que el nos toca. Nos distrae con tan poco, mientras todo su equipo trabaja tras bambalinas, los mexicanos peleamos unos contra otros defendiéndolo y atacándolo en lugar de poner atención en las cosas realmente importantes, la situación económica y de seguridad que vivimos día a día en el país; un país cada vez más dividido.

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