Exhiben Chimalli en el castillo de Chapultepec

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Ciudad de México a 11 de marzo 2019.- El penacho de Moctezuma es una de las piezas más reconocidas que a la fecha permanece en el Museo de etnología de Viena debido a que resulta imposible transportarlo debido a su fragilidad, lo cual ha derivado en que el Museo Nacional de Antropología e Historia exhiba una réplica.

Tal ha sido el destino de otros tesoros indígenas, no obstante, si es posible resaltar una pieza en particular que volvió a las manos del patrimonio mexicano es el Cuexyo chimalli.

En el campo de batalla, el chimalli (escudo circular) fue una poderosa arma defensiva de los guerreros mexicas. En sus versiones de lujo fue insignia de valor en ceremonias y rituales, usado por gobernantes, sacerdotes, para ataviar deidades y para distinguir a los mejores combatientes y jefes de grupos guerreros. Pero la naturaleza orgánica de sus materiales constitutivos y el paso del tiempo, lo convirtieron en uno de los objetos históricos más frágiles.

No obstante, a pesar de ser un objeto fabricado para defender la vida de los guerreros, la mayoría de estos no sobrevivieron la prueba de tiempo y tan sólo cuatro chimalli ceremoniales han perdurado a nuestros días, entre esos cuatro ejemplares se encuentra el cuexyo chimalli, también conocido como el chimalli de Chapultepec, mismo que le habría pertenecido a Moctezuma y que abandonó las tierras mexicas hacia Europa tras la Conquista.

La exportación de este tipo de tesoros tenía como objetivo cumplir favores, así como incrementar la fortuna de las familias ya no sólo españolas, sino europeas como tal. Ese fue el caso de la Casa de Austria, que amasó un gran número de los artefactos ceremoniales mexicas.

Para que este escudo retornara a México, fue necesaria la intervención de Maximiliano de Habsburgo, segundo y último emperador de México, perteneciente a la familia real de Austria. Mediante sus conexiones familiares, él logró que el chimalli pisara suelo mexicano en 1866. Esta pieza utiliza tres tipos de pieles: de ocelote, venado y conejo, además del uso de la grana cochinilla para teñir el pelaje; el soporte principal está compuesto de varas de bambú, así como fibras de agave e hilos de algodón. Del mismo modo, los estudiosos sostienen que sobre la piel del conejo figuraron láminas de oro que fueron retiradas en algún punto en su peregrinación de América hacia Europa o en su regreso.

Por otro lado, investigadores del Instituto de Biología de la UNAM encontraron que las plumas usadas —que ronda un número cercano a las 26 mil plumas, de acuerdo con los datos que publicó el INAH— para la decoración del escudo de Chapultepec son:

«Las azules del azulejo o charador turquesa (Cotinga amabilis); para las verdes, varios loros y quetzal; las beige corresponden a pato. También hay plumas negras y grises que no fueron posible identificar. Las atadas en el borde y los colgantes son de tonos amarillo-verdosos, que posiblemente correspondan a una especie del género Vermívora».

Tal nivel de detalle y el uso de productos propiamente lujosos para su época no sólo habla de la maestría de la fabricación de los chimalli ceremoniales o de los jefes, sino también da cuenta del legado cultural y el conocimiento artesano que este tipo de tesoros representan.

Actualmente, es posible apreciar la belleza de éste chimalli en la exposición “Chimalli. Tesoro de Moctezuma en Chapultepec” que estará en el Museo Nacional de Historia hasta el 2 de junio de 2019.

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