Palenque.- Ni el Covid-19 ni el cierre del tráfico no esencial en la frontera sur debido a la pandemia han detenido los flujos migratorios de Centroamérica a México, país de tránsito para quienes huyen de la violencia en su tierra.

En Palenque, Chiapas, en la línea fronteriza entre El Ceibo y Tenosique, Tabasco, muchos de los migrantes ahora usan caminos entre la selva. No hay rutas definidas: arriesgan la vida, pero lejos de traficantes y autoridades federales.

Otros más dicen añorar el paso de La Bestia por Pakal-na, que frenó su tránsito a causa del Tren Maya. Finalmente, están los que se quedaron en México y hoy tejen una nueva vida en el sureste del país.


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