En Cuernavaca, la memoria de la pequeña que perdió la vida atropellada en la Glorieta de la Luna sigue viva en cada flor, cada vela y cada lágrima que se deja en el lugar de la tragedia.
🌸 Velas, flores y un peluche recuerdan a la niña que murió atropellada en la Glorieta de la Luna.
— Grupo Marmor (@Marmor_Informa) August 29, 2025
Ahí donde bailaba para pedir unas monedas, hoy solo queda silencio.
💔 ¿Cuántos niños más deben arriesgar su vida en las calles para que volteemos a verlos?
FOTOS: Salvador Rosas pic.twitter.com/dD4qdNOsYM
Vecinos y comerciantes improvisaron una ofrenda con lo que ella más quería: un peluche en forma de conejo, su gorrito y algunos dulces. Ahí, donde apenas horas antes bailaba entre los autos para pedir unas monedas, hoy descansa un silencio doloroso.
Algunos transeúntes se detienen unos segundos para contemplar la escena. Un niño dejó una paleta; una mujer, con la voz entrecortada, dijo: “Era una bebecita que bailaba y bailaba… nadie pensó que esa sería la última vez que la veríamos”.
La tragedia abre también un debate incómodo: ¿qué futuro esperaba a esa pequeña si no hubiera ocurrido el accidente? Quizás habría seguido bailando en los cruceros, esquivando autos, invisible para muchos. Hoy, su ausencia obliga a mirar una realidad que suele ignorarse: la infancia que sobrevive en las calles.