Un estudio científico reciente indica que los pigmentos utilizados en tatuajes pueden modificar la respuesta inmunitaria del organismo frente a ciertas vacunas. La investigación observó migración de tinta hacia los ganglios linfáticos y una inflamación prolongada que alteró la producción de anticuerpos en modelos animales.
La investigación, publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), analizó cómo pigmentos de distintos colores —principalmente negro, rojo y verde— viajan desde la piel hacia los ganglios linfáticos. Una vez allí, fueron absorbidos por macrófagos, provocando una inflamación persistente durante semanas.
En pruebas realizadas con ratones, los investigadores aplicaron una vacuna de ARNm contra el SARS-CoV-2 en áreas tatuadas y encontraron una disminución significativa en la producción de anticuerpos, lo que sugiere un posible efecto en la eficacia de este tipo de inmunización. En contraste, una vacuna antigripal inactivada generó una respuesta aumentada, lo que indica que la influencia de la tinta depende del tipo de vacuna.
Los especialistas señalaron que el impacto puede variar según factores como el tipo de pigmento, la cantidad de tinta utilizada, el tamaño del tatuaje y la cercanía con la zona de aplicación de la vacuna. Aunque los resultados se obtuvieron en modelos animales y en células humanas, los investigadores subrayaron la necesidad de realizar estudios en personas para confirmar estos efectos.
Los hallazgos abren nuevas líneas de investigación sobre la interacción entre tatuajes y respuesta inmunitaria. Hasta contar con evidencia en humanos, los científicos recomiendan profundizar en la regulación de los componentes de las tintas y mantener una comunicación clara sobre posibles implicaciones para la salud.



















