Aún con lluvias, la fragilidad del agua en el Cutzamala persiste.

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Aunque las recientes precipitaciones han hecho que las presas del Sistema Cutzamala (que abastece gran parte del agua potable en la Ciudad de México y el Estado de México) recuperen niveles históricos después de años de escasez, la llamada crisis hídrica no está resuelta de forma definitiva. Expertos señalan que el aumento del almacenamiento es positivo, pero no garantiza la estabilidad a largo plazo frente a eventos climáticos extremos o sequías futuras.

Las lluvias de 2025 impulsaron los niveles del sistema muy por encima de cifras recientes, alcanzando cerca del 97 % de capacidad en varios embalses, una proporción que no se veía desde hace más de una década. Aun así, Conagua y autoridades hidráulicas han advertido que el ciclo hidrológico puede volver a bajar y que la mejor gestión del recurso será clave para asegurar el suministro.

¿Por qué sigue siendo vulnerable el sistema?
El Cutzamala depende de patrones de lluvia que cada vez son más impredecibles por el cambio climático. Además, el Valle de México extrae grandes cantidades de agua de acuíferos subterráneos que se recargan lentamente: en muchos casos, más rápido de lo que se renuevan. Esto coloca presión constante sobre los recursos disponibles y subraya que no se puede confiar únicamente en temporadas húmedas para garantizar el abasto futuro.

Medidas para enfrentar la crisis hídrica
Uso responsable del agua en casa: reducir el consumo diario, reparar fugas y reutilizar agua cuando sea posible ayuda a disminuir la presión sobre los sistemas de abastecimiento.
Fomento de captación pluvial: instalar sistemas para recoger agua de lluvia en viviendas y edificios puede brindar una reserva extra para usos no potables.
Modernización de infraestructura: evitar pérdidas por fugas y mejorar la eficiencia de tratamiento y distribución es clave para las autoridades y empresas de agua.
Diversificación de fuentes: recuperar pozos, fortalecer otros sistemas como el Lerma y aprovechar fuentes locales reduce la dependencia exclusiva del Cutzamala.
El panorama hídrico exige tanto acciones de política pública a largo plazo como cambios en los hábitos cotidianos de los habitantes del Valle de México para consolidar un abastecimiento sostenible a futuro.