Guardar en casa los teléfonos móviles que ya no usas puede parecer inocuo, pero especialistas alertan que esta práctica común puede ocultar peligros reales. Muchos dispositivos olvidados en cajones o cajas contienen baterías de iones de litio, que con el paso del tiempo se degradan incluso sin uso y pueden provocar fugas químicas, gases tóxicos e incluso incendios si no se revisan regularmente.
Según estadísticas globales, miles de millones de teléfonos quedan fuera de servicio cada año, y una gran parte de estos termina acumulándose en hogares sin ningún control. La acumulación ocurre no tanto por apego sentimental, sino por la incertidumbre sobre la forma correcta de desecharlos o por miedo a perder datos personales que aún podrían estar almacenados.
El mayor riesgo proviene de la batería: con el tiempo puede hincharse, deformar la carcasa del teléfono e incluso liberar sustancias inflamables si se encuentra cerca de materiales combustibles o en espacios sin ventilación.
Los expertos recomiendan hacer un listado de aparatos antiguos guardados y revisarlos al menos una vez al año. Si un teléfono muestra señales de daño —como una carcasa abultada, olor extraño o calor residual—, lo más seguro es evitar encenderlo y llevarlo a un reciclador autorizado o a un centro de reciclaje electrónico.
También existe la alternativa de darles un nuevo uso. Con una batería en buen estado o reemplazada, esos móviles pueden servir como reproductores de música, cámaras de vigilancia, despertadores o dispositivos para el coche, prolongando su utilidad y reduciendo riesgos en el hogar.



















