El bolillo después del susto: una costumbre mexicana con explicación científica

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Aunque para muchos parecía solo un consejo de abuela, comer bolillo después de un susto tiene fundamentos científicos. Especialistas de la UNAM explican que un episodio de estrés repentino provoca cambios en el cuerpo, entre ellos un aumento en la producción de ácido gástrico, lo que puede causar náuseas, sensación de vacío y malestar general.

De acuerdo con la Facultad de Medicina, el organismo entra en estado de alerta ante un sobresalto, preparándose para enfrentar un posible peligro. Una vez pasado el evento, esas reacciones dejan secuelas físicas. Consumir un bolillo puede ayudar a disminuirlas, ya que sus carbohidratos contribuyen a inhibir la secreción de ácido estomacal y facilitan la recuperación.

Otro factor importante es la masticación. La textura firme del bolillo obliga a comer despacio, lo que distrae al cerebro y ayuda a reducir la sensación de miedo. Además, este efecto no se limita a personas sanas: en casos de diabetes, un pequeño trozo puede ayudar a estabilizar los niveles de azúcar tras un sobresalto y prevenir mareos.

En cuanto a la cantidad recomendada, basta con unos tres bocados —aproximadamente 180 calorías— para aliviar el malestar sin afectar al organismo.

Por su parte, la Facultad de Psicología de la UNAM señala que cualquier alimento modifica el pH del estómago y ayuda a regular la acidez. Aunque el bolillo es efectivo, también pueden funcionar frutas, alimentos ricos en fibra o productos como el yogur. La flora intestinal juega un papel clave en cómo el cuerpo se recupera del estrés.

Al final, ciencia y tradición coinciden: un bolillo, acompañado de calma y afecto, puede ayudar a que el cuerpo recupere su equilibrio tras un susto.