La actividad láctea atraviesa un escenario de contrastes: mientras la producción de leche registra uno de los volúmenes más elevados de los últimos años, la situación económica de empresas y productores sigue siendo delicada. La caída del precio real, el aumento de la oferta y las restricciones financieras derivaron en nuevas dificultades para el sector, incluyendo el ingreso de una empresa al concurso de acreedores en las últimas semanas.
De acuerdo con datos del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), la elaboración de leche mostró durante 2025 un crecimiento interanual superior al 10%, lo que permitió alcanzar niveles productivos que no se observaban desde hace varios años. El incremento se explicó principalmente por mejores condiciones climáticas, mejoras tecnológicas y un aumento en la productividad por tambo. Sin embargo, este desempeño no se tradujo en una mejora proporcional de los ingresos.
Uno de los principales factores que afecta al sector es la evolución del precio que perciben los productores. Informes oficiales indican que, si bien el valor nominal de la leche cruda mostró ajustes durante el año, en términos reales se ubicó por debajo de los costos de producción en numerosos establecimientos. A este escenario se suma el aumento de los gastos operativos, el encarecimiento del financiamiento y la menor capacidad de traslado de costos a lo largo de la cadena.
La mayor disponibilidad de leche también generó una acumulación de stocks industriales. Según relevamientos del Movimiento CREA y del propio OCLA, las existencias de productos lácteos crecieron de forma sostenida, en un contexto en el que la demanda interna mostró una recuperación moderada y las exportaciones no lograron absorber el excedente. Esta situación presionó los precios a la baja tanto en el mercado local como en las operaciones externas.
En este marco, varias empresas del rubro enfrentan procesos de reestructuración financiera. Durante diciembre, una firma del interior del país dedicada a la producción y procesamiento de leche solicitó la apertura de un concurso preventivo de acreedores, argumentando dificultades para cumplir con sus compromisos ante la caída de ingresos y el ajuste del crédito. Este caso se suma a antecedentes recientes de compañías del sector que redujeron su nivel de actividad o avanzaron en planes de reorganización.
Los registros oficiales también muestran una reducción en la cantidad de tambos activos. Datos del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) señalan que, pese al aumento del volumen total producido, el número de establecimientos en funcionamiento continúa descendiendo, lo que refleja una mayor concentración productiva y mayores exigencias de escala para sostener la actividad.
Hacia el inicio de 2026, los informes sectoriales indican que la producción podría mantenerse en niveles elevados si las condiciones climáticas y técnicas continúan siendo favorables. No obstante, el desempeño económico del sector dependerá de la evolución de los precios, la dinámica del consumo y la capacidad de la industria para reducir los excedentes acumulados. Hasta el momento, no se anunciaron medidas específicas que modifiquen el escenario actual.


















