Dormir de forma regular y suficiente es un factor clave para la salud física y mental. Organismos de salud y especialistas en medicina del sueño coinciden en que el insomnio crónico se asocia con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, metabólicas y trastornos del estado de ánimo. A continuación, seis recomendaciones respaldadas por fuentes científicas para mejorar la calidad del sueño y, con ello, la esperanza de vida.
- Mantener horarios regulares de sueño. Acostarse y levantarse a la misma hora todos los días ayuda a regular el reloj biológico. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la regularidad favorece un descanso más profundo y reparador.
- Crear un ambiente adecuado para dormir. Dormitorios silenciosos, oscuros y con temperatura moderada facilitan el inicio del sueño. La Fundación Nacional del Sueño de Estados Unidos recomienda reducir fuentes de luz y ruido antes de dormir.
- Limitar el uso de pantallas antes de acostarse. La exposición a luz azul de dispositivos electrónicos puede inhibir la producción de melatonina, hormona esencial para el sueño, de acuerdo con el Instituto Nacional de Salud (NIH) de Estados Unidos.
- Evitar cafeína y alcohol por la noche. Estas sustancias alteran los ciclos del sueño. La Academia Americana de Medicina del Sueño advierte que el alcohol, aunque induce somnolencia, fragmenta el descanso nocturno.
- Realizar actividad física de forma regular. El ejercicio contribuye a conciliar el sueño y mejorar su duración, siempre que no se practique inmediatamente antes de dormir, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
- Buscar atención médica ante insomnio persistente. Si los problemas para dormir se prolongan, es recomendable consultar a un profesional de la salud para una evaluación adecuada.
Especialistas coinciden en que adoptar hábitos de sueño saludables no solo mejora el descanso diario, sino que también contribuye a una mejor salud a largo plazo y a una mayor calidad y esperanza de vida.


















