La icónica banda mexicana Café Tacvba ha encendido un intenso debate dentro de la industria musical tras solicitar formalmente el retiro de su catálogo de Spotify, una de las plataformas de streaming más importantes del mundo.
La decisión, dada a conocer a inicios de 2026, no responde a una estrategia promocional, sino a una crítica profunda al modelo de negocio del streaming, que —aseguran— afecta directamente a los músicos tanto en el ámbito económico como en el ético.
A través de un comunicado, Rubén Albarrán, vocalista del grupo, explicó que la petición fue dirigida a sus sellos discográficos Warner Music y Universal Music, con quienes buscan concretar la salida de la plataforma.
Entre los principales motivos se encuentran el reparto de regalías, que consideran injusto para los creadores, así como el desacuerdo con políticas empresariales de Spotify, entre ellas inversiones en compañías relacionadas con la industria armamentista y campañas publicitarias con organismos gubernamentales.
“Para Café Tacvba, estos factores contradicen el sentido social y humano que debe tener la música”, señaló Albarrán, al subrayar que la banda no está dispuesta a asumir una responsabilidad moral sobre el destino final de sus regalías.
Otro punto clave en su postura es la preocupación por el uso creciente de inteligencia artificial dentro de las plataformas digitales, advirtiendo que esta tecnología podría desplazar a músicos humanos y diluir la autoría artística.
En respuesta, Spotify reconoció el legado cultural de Café Tacvba y defendió su modelo de negocio, asegurando que no financia conflictos armados y que sus políticas de inteligencia artificial están diseñadas para proteger a los creadores. La empresa reiteró su disposición para seguir difundiendo la música de la banda.
El caso ha abierto una discusión más amplia en la industria musical latinoamericana, cuestionando si el actual modelo de streaming beneficia realmente a los artistas o prioriza la rentabilidad corporativa. La postura de Café Tacvba, conocida por su activismo social, vuelve a poner sobre la mesa la responsabilidad del público en el sostenimiento de un sistema que no siempre resulta transparente.
















