Ciudad de México, 9 de enero de 2026 — En medio de tensiones diplomáticas por declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, instruyó al titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente, a intensificar el diálogo con autoridades estadounidenses para consolidar la coordinación bilateral en seguridad y combate al narcotráfico.
La decisión surge después de que Trump anunciara el jueves pasado que evaluaba iniciar “ataques terrestres” contra cárteles de la droga en territorio mexicano en respuesta a su reciente operación militar en Venezuela, donde se detuvo al expresidente Nicolás Maduro. En ese contexto, Sheinbaum consideró esencial estrechar la comunicación con altos funcionarios de Estados Unidos, incluyendo al secretario de Estado, Marco Rubio, para evitar malentendidos y reforzar mecanismos de colaboración sin comprometer la soberanía nacional.
“Le pedí al canciller Juan Ramón de la Fuente que pudiera hacer contacto directo con el secretario del Departamento de Estado y, si es necesario, con el presidente Trump para fortalecer la coordinación”, afirmó Sheinbaum en un comunicado oficial.
La instrucción presidencial apunta a mantener y ampliar el intercambio de información técnica y estratégica, especialmente sobre laboratorios incautados y operativos conjuntos contra redes de narcotráfico. Las autoridades mexicanas han subrayado que la coordinación con Estados Unidos debe centrarse en esfuerzos compartidos, respetando la soberanía e integridad territorial de México.
Sheinbaum ha minimizado públicamente la posibilidad de una intervención militar estadounidense en territorio mexicano, asegurando que no existe una amenaza concreta de invasión y que la cooperación se basa en principios de respeto mutuo. Expertos en relaciones internacionales coinciden en que, pese a la retórica dura de Trump, la relación entre ambos países se ha sostenido históricamente sobre la necesidad de coordinar acciones contra problemas transnacionales, como el tráfico de drogas y armas, migración irregular y crimen organizado.
La medida de reforzar el diálogo diplomático ocurre en un momento clave para la agenda bilateral, en la que México busca balancear su política exterior enfocada en cooperación con Estados Unidos, sin ceder en aspectos fundamentales como la no intervención y el respeto a la soberanía nacional.


















