Los hisopos o cotonetes nunca fueron diseñados para limpiar el interior del oído, sino para higiene infantil y tareas delicadas. Inventados por Leo Gerstenzang a principios del siglo XX, su función original era cuidar áreas sensibles de los bebés.
Especialistas alertan que introducir cotonetes en el canal auditivo puede empujar la cera hacia adentro, formando tapones, dolor o pérdida temporal de audición. El oído se limpia solo de manera natural, expulsando el exceso de cerumen hacia el exterior.
Lejos del oído, los hisopos son útiles para: limpiar teclados, rejillas de ventilación, retocar maquillaje o esmalte, aplicar pegamento o pintura con precisión, y limpiar lentes o puertos electrónicos.
Para la higiene de los oídos, lo recomendado es limpiar solo la parte externa con una toalla o gasa, y ante molestias usar soluciones profesionales o acudir a un especialista.


















