El alimento básico de la cocina que puede favorecer la salud si se consume a diario

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La alimentación cotidiana influye de manera directa en la salud general. Diversas investigaciones científicas y organismos especializados en nutrición coinciden en que el consumo regular de aceite de oliva extra virgen puede aportar beneficios relevantes, en particular para la salud cardiovascular y la prevención de enfermedades crónicas.


El aceite de oliva extra virgen es uno de los componentes centrales de la dieta mediterránea, un modelo alimentario ampliamente estudiado y asociado con menor incidencia de enfermedades del corazón, diabetes tipo 2 y mortalidad general. Instituciones de salud pública y universidades han documentado que las poblaciones con un consumo habitual de este aceite presentan mejores indicadores de salud a largo plazo.

Desde el punto de vista nutricional, este ingrediente destaca por su alto contenido de ácidos grasos monoinsaturados, principalmente ácido oleico, así como por su aporte de antioxidantes naturales, entre ellos polifenoles y vitamina E. Estos compuestos contribuyen a la protección celular, ayudan a reducir procesos inflamatorios y favorecen el equilibrio de los niveles de colesterol en la sangre.

Especialistas en nutrición recomiendan utilizar aceite de oliva extra virgen de forma cotidiana, preferentemente en crudo o con cocciones moderadas, para conservar sus propiedades. Una ingesta aproximada de una a dos cucharadas al día puede integrarse fácilmente en ensaladas, verduras, pescados o platillos caseros.

Organismos de salud subrayan que, aunque se trata de un alimento con respaldo científico, su consumo debe formar parte de una dieta equilibrada y variada, complementada con actividad física regular y otros hábitos saludables.


La evidencia científica actual respalda al aceite de oliva extra virgen como un ingrediente clave en la cocina diaria, siempre que se integre dentro de un estilo de vida saludable y una alimentación balanceada.