La relación entre Morena y los sindicatos mexicanos vive una etapa de reacomodo. Mientras algunos liderazgos obreros buscan mostrarse abiertamente alineados con el partido en el poder, otros prefieren mantener una distancia calculada, aunque sin romper puentes con el gobierno federal.
Uno de los casos más visibles es el del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Su dirigente, Alfonso Cepeda Salas, ha expresado de forma reiterada su respaldo a Morena y ha impulsado la afiliación de más de un millón de maestros al partido, como parte de la campaña nacional de credencialización encabezada por la dirigencia morenista. Este acercamiento ha generado críticas, ya que tanto la ley electoral como los estatutos de Morena prohíben la afiliación corporativa.
El SNTE no es el único actor en este proceso. Desde el sexenio anterior, organizaciones como la CATEM y el sindicato minero han consolidado su cercanía con Morena, al grado de que sus dirigentes han ocupado espacios en el Congreso como legisladores plurinominales. A ellos se han sumado otros sindicatos históricamente vinculados al PRI, como la CROC o el sindicato petrolero, cuyos líderes han mostrado respaldo público a figuras clave de la llamada Cuarta Transformación.
Las demostraciones de apoyo se han hecho visibles en actos masivos, especialmente en concentraciones realizadas en el Zócalo capitalino, donde centrales obreras han desplegado símbolos, mantas y propaganda para evidenciar su alineación con el nuevo régimen político.
En contraste, la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) ha optado por una postura más prudente. Aunque ha participado en encuentros con Claudia Sheinbaum y otros liderazgos de Morena, no se ha declarado parte del partido ni ha promovido una adhesión abierta, manteniéndose en una posición de diálogo sin subordinación.
Especialistas coinciden en que no existe hoy un liderazgo sindical capaz de articular un brazo obrero sólido al servicio del poder, como ocurrió en el viejo PRI. Lo que se observa es una dispersión de liderazgos que Morena podría utilizar de manera pragmática, sin construir un sindicalismo hegemónico.
Para algunos analistas, esta etapa refleja una búsqueda de sobrevivencia política de los sindicatos y una reconfiguración del sindicalismo mexicano, más fragmentado, menos ideológico y marcado por alianzas coyunturales con el partido en el poder.



















