Virus Nipah: un patógeno zoonótico con alta letalidad y transmisión por fluidos

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El virus Nipah (NiV) es una enfermedad zoonótica emergente que ha generado preocupación en la comunidad científica por su elevada tasa de letalidad y su capacidad de transmitirse entre personas a través de fluidos corporales. Aunque los brotes han sido esporádicos, organismos internacionales mantienen la vigilancia por su potencial impacto en la salud pública.


El virus Nipah fue identificado por primera vez en 1999 durante un brote en Malasia y Singapur, asociado al contacto entre cerdos infectados y humanos. Desde entonces, se han registrado brotes principalmente en Bangladesh y la India. El reservorio natural del virus son los murciélagos frugívoros del género Pteropus, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La transmisión al ser humano puede ocurrir por contacto directo con animales infectados, consumo de alimentos contaminados —como savia de palma datilera— o de persona a persona. La OMS advierte que, cuando un humano enferma, el virus puede propagarse mediante prácticamente cualquier fluido corporal, incluidos saliva, sangre, orina y secreciones respiratorias, lo que incrementa el riesgo en entornos familiares y hospitalarios.

Los síntomas iniciales incluyen fiebre, dolor de cabeza, vómitos y dificultad respiratoria. En casos graves, la infección puede evolucionar a encefalitis aguda, con alteraciones neurológicas y coma. La tasa de letalidad se ha estimado entre 40 y 75 %, dependiendo del brote y la atención médica disponible.

Actualmente no existe un tratamiento antiviral específico ni una vacuna aprobada para el virus Nipah. El manejo clínico se centra en cuidados de soporte y control de infecciones. La OMS y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) recomiendan medidas de prevención como evitar el consumo de productos crudos potencialmente contaminados y reforzar protocolos de bioseguridad en hospitales.


Aunque los brotes de Nipah han sido limitados geográficamente, las autoridades sanitarias internacionales subrayan la importancia de la vigilancia epidemiológica y la investigación científica para prevenir una posible expansión futura.