En agosto de 2012, policías en Nueva Segovia, al norte de Nicaragua, recibieron una llamada anónima que alertaba sobre un grupo de mexicanos en Tegucigalpa planeando obtener información del gobierno nicaragüense. Al día siguiente, interceptaron seis camionetas blancas con logotipos de una reconocida televisora mexicana, conducidas por 18 personas y una joven mujer, quienes afirmaban trabajar como periodistas.
La líder, Raquel Alatorre Correa, se hacía pasar por jefa de información, pero tras la verificación de la embajada de México, se confirmó que ninguno era empleado de la televisora. En las camionetas, los policías descubrieron 9.2 millones de dólares ocultos en compartimentos secretos, además de rastros de droga y equipo de comunicación sofisticado.
El operativo desarticuló una de las operaciones de lavado de dinero más audaces en Centroamérica, mostrando cómo una red de narcotráfico se hacía pasar por medios de comunicación para trasladar grandes sumas de dinero y drogas entre Costa Rica y México.





























