Aunque los embutidos suelen asociarse con un alto contenido de grasa y sodio, no todos son iguales. Algunos destacan por su menor aporte calórico y pueden integrarse ocasionalmente en una alimentación equilibrada, ya sea en bocadillos o platos completos.
Estos productos se elaboran a partir de carnes como res o ave, combinadas con especias (sal, ajo, pimienta, orégano) y embutidas en tripas naturales o artificiales. Precisamente por su proceso y calidad variable de carne, su consumo debe ser moderado, ya que en exceso puede contribuir a problemas cardiovasculares, hipertensión y colesterol elevado.
La buena noticia es que existen alternativas más ligeras:
Pechuga de pavo: una de las más bajas en grasa. Aporta alrededor de 120 calorías por cada 100 g, es rica en proteína y vitaminas del complejo B.
Lomo ibérico: con proteínas de alta calidad y grasas insaturadas. Contiene cerca de 200 calorías por 100 g.
Jamón serrano: bajo en grasa y rico en minerales y vitaminas B y D, con un promedio de 190 a 250 calorías.
Cecina: curada y concentrada en nutrientes, aporta hierro y proteínas, con unas 250 calorías por 100 g.
Jamón ibérico: aunque más calórico, ofrece grasas saludables como el ácido oleico y minerales esenciales; aporta entre 240 y 379 calorías.
Elegir mejor y controlar las porciones es la clave para seguir disfrutándolos sin descuidar la salud.


















