Diversos estudios recientes señalan que no solo importa qué comes, sino también el orden en que consumes tus alimentos durante cada comida, ya que esto puede ayudar a moderar la respuesta de tu organismo al azúcar y reducir la probabilidad de desarrollar resistencia a la insulina, un trastorno metabólico estrechamente ligado al desarrollo de diabetes tipo 2 y otras complicaciones de salud.
La “secuencia de alimentos” recomendada por especialistas y avalada por investigaciones científicas sugiere estructurar tus comidas en tres pasos básicos: iniciar con verduras no harinosas o alimentos ricos en fibra, luego ingerir proteínas magras y grasas saludables, y por último consumir carbohidratos complejos —como granos integrales o legumbres— y frutas enteras. Esta estrategia ha demostrado reducir el impacto glucémico de las comidas al retrasar la absorción de glucosa en sangre, lo que favorece niveles más estables de azúcar después de comer y disminuye la demanda de insulina.
Comenzar con ensaladas, brócoli u otras verduras crea una “barrera” natural de fibra que ralentiza la absorción de azúcares del resto de los alimentos; seguir con proteínas como pollo, pescado, huevo o legumbres y grasas saludables como aguacate o nueces ayuda a aumentar la saciedad y a mantener una respuesta metabólica equilibrada; finalmente, consumir carbohidratos complejos, preferiblemente con bajo índice glucémico, como arroz integral o quinoa, permite una liberación más gradual de glucosa en el torrente sanguíneo.
Además de este orden de alimentos, los expertos recomiendan priorizar alimentos ricos en fibra, evitar productos ultraprocesados y azúcares simples, y mantener hábitos de estilo de vida saludables —como ejercicio regular— para favorecer la sensibilidad a la insulina y reducir el riesgo de picos de glucosa después de las comidas.



















