México enfrenta un brote activo de sarampión, con miles de casos confirmados en 2025–2026 y más de 20 defunciones, situación que ha llevado a las autoridades de salud a intensificar campañas de vacunación y advertir a la población sobre medidas de prevención y manejo. El sarampión es una enfermedad viral altamente contagiosa que se transmite por el aire a través de gotículas respiratorias cuando una persona infectada tose o estornuda.
Tras la exposición al virus, los síntomas iniciales —como fiebre alta, tos, ojos rojos y secreción nasal— suelen aparecer entre 7 y 14 días después del contagio, seguidos por un sarpullido que puede durar 5 a 6 días y una fase total de enfermedad de 2 a 3 semanas dependiendo de la evolución del paciente.
No existe un tratamiento antiviral específico para el sarampión; el manejo clínico se centra en aliviar los síntomas, mantener hidratación, reposo y vigilancia médica para prevenir complicaciones como neumonía, encefalitis o infecciones de oído. Si una persona presenta síntomas compatibles con sarampión, se recomienda aislarse, evitar el contacto con otras personas, acudir al servicio de salud y confirmar el esquema de vacunación.
La vacunación con dos dosis de la vacuna triple vírica (sarampión, paperas y rubéola) es la herramienta principal de prevención y está ampliamente disponible; autoridades sanitarias han enfatizado su importancia para frenar la transmisión y proteger a los grupos más vulnerables, especialmente niños y jóvenes sin esquema completo de inmunización.



















