La caída del cabello es una preocupación frecuente, especialmente después de los 50 años. Según datos de la National Library of Medicine, la alopecia afecta a un alto porcentaje de hombres y mujeres en esa etapa de la vida, lo que impacta directamente en la autoestima y la imagen personal.
Uno de los tratamientos más conocidos es el minoxidil, una solución tópica que se aplica en el cuero cabelludo para frenar la pérdida capilar y estimular el crecimiento. De acuerdo con MedlinePlus, este producto no cura la calvicie, ya que al suspenderlo el cabello puede volver a caerse.
Su acción consiste en mejorar la circulación sanguínea en la zona, favoreciendo la oxigenación y nutrición de los folículos. Esto ayuda a fortalecerlos y a prolongar la fase de crecimiento del cabello. Se comercializa en distintas concentraciones —2%, 5%, 10% y 15%— aunque en mujeres, especialmente en etapa posmenopáusica, suelen recomendarse fórmulas de menor porcentaje.
Especialistas advierten que debe utilizarse bajo supervisión médica y respetando las indicaciones. Aplicar más cantidad no acelera resultados y puede provocar efectos secundarios como irritación, ardor o incluso crecimiento de vello en zonas no deseadas. Los cambios, además, son progresivos: no existen soluciones inmediatas.



















