Redacción/BBC
En medio del estancamiento diplomático y de un frente de más de mil kilómetros, Moscú y Kyiv han apostado por el desarrollo y despliegue de armamento avanzado con el objetivo de inclinar la balanza en el conflicto. Nuevos misiles de largo alcance y la incorporación de aviones de combate occidentales forman parte de esta nueva fase de la guerra.
Flamingo: el salto tecnológico ucraniano
Ucrania ha fortalecido su industria militar con la producción del misil de crucero Flamingo, desarrollado por la firma nacional Fire Point. El proyectil, cuyo nombre hace referencia al color rosa de sus primeros prototipos, representa uno de los avances más significativos en la capacidad ofensiva de Kyiv.

El Flamingo puede alcanzar objetivos a una distancia aproximada de 3.000 kilómetros, desplazarse a velocidades cercanas a los 900 km/h y portar una ojiva de más de una tonelada. Su alcance es comparable al del misil estadounidense Tomahawk, considerado uno de los sistemas más sofisticados de ataque profundo.
Al tratarse de un arma de producción nacional, Ucrania no depende de restricciones impuestas por aliados occidentales para su uso, lo que amplía su margen de maniobra estratégica. El presidente Volodymyr Zelensky ha calificado al sistema como uno de los más exitosos desarrollados por su país, aunque se mantienen reservados detalles sobre su empleo en combate.
Oreshnik: la respuesta rusa
Por su parte, Rusia ha desplegado el misil balístico Oreshnik, con un alcance estimado de hasta 5.500 kilómetros. Según declaraciones del presidente Vladimir Putin en 2024, este proyectil puede alcanzar velocidades de entre 2,5 y 3 kilómetros por segundo, lo que complica significativamente su interceptación.
El Oreshnik ha sido utilizado en al menos dos ocasiones durante la guerra, en ataques registrados en Dnipro en noviembre de 2024 y en Lviv en enero de 2026. Se le atribuye la capacidad de fragmentar su ojiva en múltiples proyectiles independientes durante la fase final de descenso, generando explosiones sucesivas en cuestión de segundos.
F-16 vs. Sukhoi
En el terreno aéreo, Ucrania ha recibido cerca de la mitad de los casi 90 cazas F-16 Fighting Falcon prometidos por países de la OTAN como Bélgica, Dinamarca, Países Bajos y Noruega. Aunque el modelo entró en servicio en 1978 y varias fuerzas occidentales lo están reemplazando por el F-35, representa un avance considerable frente a los antiguos MiG-29 de origen soviético que operaba la fuerza aérea ucraniana.
Los F-16 han sido empleados principalmente en misiones de defensa aérea y ataques de precisión. De acuerdo con la fuerza aérea ucraniana, en diciembre de 2024 uno de estos cazas logró derribar seis misiles de crucero rusos en una sola operación.
Mientras tanto, Rusia continúa operando aviones de combate de la familia Sukhoi, como el Sukhoi Su-35, que mantienen superioridad en ciertos sectores del frente.
¿Un arma decisiva?
Analistas coinciden en que, aunque estos sistemas incrementan la capacidad ofensiva y defensiva de ambos bandos, difícilmente representan un factor decisivo por sí solos. La guerra continúa definida por la resistencia en el terreno, la producción industrial y el respaldo internacional.
En un conflicto prolongado, más que un arma única capaz de cambiar el rumbo, lo que parece inclinar la balanza es la capacidad sostenida de adaptación tecnológica y logística de cada país.



















