Rociar fragancia en el cuello es una costumbre común, pero especialistas advierten que esta zona es especialmente sensible. Al tener piel más delgada y alta vascularización, facilita que ciertos compuestos químicos entren con mayor rapidez al torrente sanguíneo.
Investigaciones del National Institute of Environmental Health Sciences señalan que muchas fragancias comerciales contienen ftalatos, sustancias consideradas disruptores endocrinos. Estos compuestos pueden imitar o bloquear señales hormonales naturales del cuerpo.
La Endocrine Society ha analizado cómo estos químicos, junto con almizcles sintéticos, pueden alterar la función tiroidea y disminuir niveles de testosterona. Aplicarlos cerca de la glándula tiroides incrementa la posibilidad de interferencia metabólica.
El proceso ocurre así: el alcohol del perfume debilita la barrera cutánea, las moléculas atraviesan la epidermis y pasan a la circulación general, donde podrían afectar distintas glándulas. Además, la Skin Health Alliance advierte que el uso frecuente en el cuello puede provocar dermatitis, alergias y envejecimiento prematuro.
Ante ello, la European Chemicals Agency recomienda limitar la aplicación directa en zonas sensibles. Una alternativa es perfumar la ropa en lugar de la piel. Por su parte, la International Fragrance Association impulsa mayor transparencia en ingredientes, aunque reconoce que la palabra “fragancia” suele englobar múltiples compuestos no especificados.
Reducir la exposición en puntos de pulso del cuello puede ser una medida preventiva sencilla para proteger el equilibrio hormonal.



















