México cuenta con varios pueblos que, tras ser abandonados por distintas razones, hoy atraen a visitantes por su atmósfera única y sus leyendas. Hoteles, haciendas, minas, fábricas y hasta ciudades completas han quedado en ruinas, y su historia los convierte en atractivos turísticos inigualables.
Misnébalam, Yucatán
A unos 50 minutos al norte de Mérida se encuentra Misnébalam, cuyo nombre significa “cola de jaguar” en maya. Este pueblo prosperó a inicios del siglo XX gracias a una hacienda henequenera, pero comenzó a decaer con la caída de la industria del henequén. Hoy sus ruinas incluyen la iglesia, pozos y máquinas de trabajo. Visitantes aseguran sentir presencias paranormales, como el fantasma del niño ‘Juliancito’ y la sombra de un monje con túnica oscura.
Ojuela, Durango
A 25 minutos de Mapimí, Ojuela destaca por su mina Santa Rita, donde se extraían plata, oro y zinc. Fundado en 1598 por el jesuita Servando de Ojuelos, el pueblo conserva un impresionante puente atirantado de madera de 336 metros de largo y casi 100 metros de altura, diseñado por el ingeniero alemán Santiago Minghuin en 1892. Se encuentra cerca de la Zona del Silencio y de la Reserva de la Biósfera Mapimí.
San Juan Parangaricutiro, Michoacán
En las faldas del Pico de Tancítaro, la erupción del volcán Paricutín en 1943 sepultó gran parte del pueblo original. Hoy, los visitantes pueden recorrer los restos del templo entre lava petrificada, donde aún se encuentra la fachada principal y el altar, al que los locales llevan ofrendas a la Virgen de Guadalupe.
La Pupa, Nayarit
Ubicado a un lado del arroyo de Jacobino, cerca de Ixtlán del Río, La Pupa fue un pueblo minero habitado desde el siglo XVIII. Su auge llegó con la construcción de la Hacienda Amaxac a finales del XIX. Todavía se conservan calles empedradas, casas de adobe y cantera, hornos de fundición, cementerio, iglesia con campanario, torre cónica y vestigios de tiendas de raya.
Estos destinos no solo muestran arquitectura y restos históricos, sino que también cuentan historias y leyendas que mantienen vivo el espíritu de un pasado olvidado.



















