Los gatos parecen tener un superpoder que desafía la gravedad: siempre caen de pie. Esta habilidad se debe al reflejo de enderezamiento, un mecanismo innato que les permite girar su cuerpo en el aire y aterrizar de forma segura.
Su columna vertebral flexible, compuesta por 30 vértebras y sin clavícula, junto con un sistema de equilibrio en el oído interno, les permite ajustar la postura durante la caída. Arquean la espalda, recogen las patas delanteras y extienden las traseras, modificando la inercia para aterrizar con seguridad.
Este reflejo se desarrolla desde las tres semanas de vida y está completamente activo a las siete semanas en los gatitos. Aunque es impresionante, no todos los saltos garantizan un aterrizaje perfecto: la altura y las condiciones pueden afectar su seguridad.



















