El papa León XIV lanzó un fuerte mensaje contra la desigualdad social durante su visita al principado de Mónaco, al denunciar los “abismos entre pobres y ricos” en uno de los territorios más prósperos del mundo.
En su primer discurso, el pontífice criticó las “configuraciones injustas del poder” y las “estructuras de pecado” que profundizan las diferencias entre privilegiados y excluidos, advirtiendo que estas condiciones también generan división entre las personas.
El líder de la Iglesia católica subrayó que la riqueza, el talento y los recursos deben tener un destino universal, por lo que llamó a no acumularlos, sino a redistribuirlos en beneficio de quienes más lo necesitan.
Durante su breve visita al exclusivo principado europeo, también alertó que la ostentación del poder y la lógica de la imposición afectan la paz mundial, en un contexto global marcado por conflictos y tensiones.
Asimismo, exhortó a los sectores más privilegiados a utilizar su influencia y recursos para promover la justicia social y el bien común, reforzando el llamado de la Iglesia a combatir la desigualdad.
La visita del papa a Mónaco, considerada histórica, también sirvió para poner en el centro del debate internacional la creciente brecha económica y el papel de las élites en la construcción de una sociedad más equitativa.




























