Sujey / Grupo Marmor
Un simple paseo por la calle o el intento de acariciar a una mascota pueden transformarse en una urgencia médica en cuestión de segundos. En México, las agresiones caninas son un incidente frecuente que suma alrededor de 70 mil ataques al año, por lo que saber cómo reaccionar de inmediato hace la diferencia entre un mal rato y una complicación fatal.
De acuerdo con las guías clínicas de Mayo Clinic y el Centro Nacional de Prevención y Control de Enfermedades (Cenaprece), la regla de oro ante una mordedura superficial es la higiene inmediata. Si el perro apenas rasgó la piel, se debe lavar exhaustivamente el área con agua y jabón, aplicar un ungüento antibiótico y proteger la lesión con un vendaje limpio.
El escenario exige el traslado rápido a una clínica si el ataque deja heridas profundas o un sangrado abundante, mismo que debe frenarse ejerciendo presión directa con un paño. La visita al médico también es innegociable si el animal es callejero, si la zona se inflama o duele demasiado, o si la víctima no ha recibido su vacuna contra el tétanos en el último lustro.
Respecto al fantasma de la rabia, transmitida por el contacto con la saliva de la mascota, las autoridades sanitarias aclaran que el esquema de vacunación no siempre es obligatorio. El doctor en turno decidirá el protocolo, pero si se comprueba que el perro cuenta con inmunización vigente —administrada hace más de un mes y menos de un año—, el paciente quedará exento del tratamiento.
Al final, la prevención sigue siendo la mejor estrategia. Para evitar formar parte de las estadísticas, los especialistas piden respetar el espacio animal: jamás interactuar con canes desconocidos, sin correa, temerosos o agresivos, ni acercarse cuando comen, están amarrados o resguardan a sus crías.


















