Javier Velázquez/Grupo Marmor
El Frente Nacional de Lucha por el Socialismo (FNLS) aseguró que no ha tomado ningún inmueble y que su acción en el Centro es únicamente para fijar un posicionamiento frente al gobierno del estado y al municipio.
El vocero de este grupo, Jesus Camargo señaló que existe una contradicción entre el discurso oficial de respeto a la manifestación y el actuar de las autoridades, que cerraron el centro administrativo y desplegaron elementos antimotines por un mitin de pocas personas.
Afirmaron que esa reacción evidencia falta de voluntad para escuchar y que ellos sí tienen disposición para sentarse a dialogar, siempre que exista un trato de respeto y sin intimidación.
Acusaron que la administración municipal recurre de forma sistemática a colocar vallas metálicas, cerrar edificios y movilizar policías cuando se anuncian protestas, lo que cierra cualquier canal de comunicación.
Informaron que su jornada de lucha arrancó el pasado 1 de octubre y seguirá con acciones en distintos puntos de la ciudad, debido a que no se les ha permitido instalarse en la plaza Melchor Ocampo.
Subrayaron que se trata de una jornada de carácter político que realizan desde hace más de dos décadas, y que en su periódico mural exponen recortes y fotos que datan de 2009 como constancia de esa historia, por lo que impedirla equivale a reprimir.
Frente a la oferta del Ayuntamiento de reubicarlos en la plaza del Carmen o en el Jardín Morelos, conocido como El Caballito, dejaron claro que no la aceptarán.
Explicaron que el Centro Histórico es la caja de resonancia natural de las causas populares y que Melchor Ocampo ha funcionado por años como tribuna de denuncia para diversos sectores, no solo para ellos.
A su juicio, trasladar la protesta fuera del primer cuadro es una estrategia para aislarlos y silenciar sus demandas, y recordaron que ya en el sexenio de Silvano Aureoles se planteó construir un espacio para manifestaciones lejos del Centro, además de intentos del PAN por regular el derecho a protestar, lo que consideran una línea represiva que se mantiene sin importar el partido gobernante.



















