Tzintzuntzan preserva el barro con engobe blanco una tradición familiar que resiste a la piratería

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Margarita Arreola/ Grupo Marmor

Entre el olor a tierra mojada, el horno y tinturas decenas de piezas que aún esperan su turno para brillar, Angélica Morales Gámez resguarda un tesoro que no cabe en una caja de importación; el barro con engobe blanco de Tzintzuntzan.

Es la cuarta generación de una familia que decidió innovar sin traicionar la raíz. Su bisabuela mezcló el barro rojo con el engobe blanco para que las piezas adquirieran otro color, otro rostro. Desde entonces, cada figura es distinta.

“Nosotros lo que hacemos primero se hace la pieza en barro rojo, luego se le pone el engobe y se va dibujando con un palito, se va esgrafiando”, explica Angélica mientras sostiene un plato donde una mujer de trenzas largas parece respirar.

No hay molde. No hay calca. Angélica no necesita boceto: se deja guiar por el pincel y por lo que sueña. En su barro aparecen escenas cotidianas, vírgenes, lunas, seres mitológicos y celestiales. Todo a mano, único e irrepetible.

“Después del engobe se mete al horno, lleva una sola quema con greta, que es el esmalte tradicional, y ya sale brilloso. Son piezas utilitarias pero también decorativas. Cada pieza es diferente, no hay una igual a otra porque todo es hecho a mano. Es lo que nos enseñaron nuestros abuelos y es lo que seguimos preservando aquí en Tzintzuntzan.”

Para que esa herencia no se quede en vitrina, la artesana abrirá las puertas de su taller del 23 al 31 de octubre, como parte de la Semana de Muertos en Michoacán. Por 170 pesos, los visitantes podrán decorar su propia pieza y llevársela a casa, con las manos manchadas de engobe y la historia entendida desde el barro.

Y es ahí donde el taller se vuelve trinchera.

Angélica lo dice sin rodeos, los talleres que impulsa la Secretaría de Turismo no son solo una experiencia turística, son una forma de combatir la piratería.

Dijo que mientras China copia la forma en plástico y a gran escala, en Tzintzuntzan el barro se sigue amasando con las manos, se seca al sol, se esgrafía con un palito y se quema una sola vez. Es lento. Es humano. Y por eso es imposible de clonar.