Redacción / Grupo Marmor
El químico e ingeniero sueco Alfred Nobel, nacido en el año 1833, pasó a la historia universal no solo por inventar la dinamita, sino por destinar la mayor parte de su inmensa fortuna a la creación de los Premios Nobel, los galardones internacionales más prestigiosos del mundo.
La radical decisión de modificar su testamento en 1895 surgió tras un error periodístico. Años antes, un diario francés publicó por equivocación su obituario bajo el fuerte titular de el mercader de la muerte, lo que provocó que el inventor reflexionara profundamente sobre su legado histórico y el impacto de sus explosivos en la sociedad.
Para enmendar su imagen pública, el científico dispuso que su capital se invirtiera en valores seguros para premiar anualmente a las personas que aportaran el mayor beneficio a la humanidad en 5 categorías originales: Física, Química, Medicina, Literatura y la importante búsqueda de la Paz mundial.
Finalmente, tras su fallecimiento en 1896, la familia y las autoridades suecas enfrentaron diversos retos legales para cumplir su última voluntad. Sin embargo, la Fundación Nobel logró consolidarse exitosamente, entregando los primeros reconocimientos en 1901 y transformando el nombre de un fabricante de armas en el máximo símbolo de la excelencia intelectual.


















