Redacción / Grupo Marmor
Una alarmante tendencia conocida como “bone smashing” (rompehuesos) está ganando popularidad en las redes sociales. Decenas de jóvenes de entre 15 y 26 años, originarios de Rusia y otras partes del mundo, se están grabando mientras se golpean el rostro con martillos, pistolas de masaje o botellas con la falsa esperanza de ensanchar su estructura ósea y lograr una mandíbula más marcada.
Esta práctica se basa en una peligrosa malinterpretación de la “Ley de Wolff”, un principio fisiológico que postula que los huesos se adaptan y fortalecen bajo tensión continua y gradual, como ocurre con el ejercicio. Sin embargo, los expertos advierten que esta ley no aplica para los traumatismos por fuerza contundente. Golpear repetidamente los pómulos o el mentón no modificará la estructura facial de forma favorable, sino que destruirá el hueso.
Riesgos permanentes e irreversibles para la salud
Lejos de conseguir un rostro esculpido, casi un centenar de personas ya han reportado lesiones severas. Especialistas médicos y odontólogos advierten que someter la cara a estos golpes provoca microfracturas que sanan de forma irregular, causando asimetría facial. Además, los impactos pueden generar pérdida de dientes, parálisis por daño nervioso, dolor crónico en la articulación temporomandibular (ATM) e incluso ceguera o daño cerebral si se compromete la zona de los ojos y el cráneo.
Los profesionales de la salud hacen un llamado urgente a no replicar este tipo de retos estéticos que ponen en riesgo la vida, recordando que cualquier modificación ósea requiere intervenciones quirúrgicas controladas por especialistas maxilofaciales.



















