Redacción / Grupo Marmor
El sueño de una Copa del Mundo intercontinental atraviesa por un periodo de profunda incertidumbre. La reciente y lamentable crisis migratoria registrada en la frontera de Ceuta, que dejó un saldo de decenas de fallecidos y miles de cruces irregulares, ha desatado una intensa presión política en la Península Ibérica.
Diversas fuerzas de izquierda en España y Portugal han solicitado formalmente excluir a Marruecos como sede coorganizadora del Mundial 2030, argumentando que el país africano utilizó una crisis humanitaria con fines geoestratégicos, rompiendo la confianza diplomática necesaria para el magno evento.
En territorio español, la organización de este campeonato también se ha convertido en un arma electoral rumbo a los comicios del próximo 29 de noviembre. El partido Sumar presentó una iniciativa en el Congreso para romper la alianza deportiva con el gobierno marroquí, mientras que Podemos respaldó la postura calificando a dicha administración como “dictadura”.
Por su parte, la oposición de derecha encabezada por Alberto Núñez Feijóo (Partido Popular) no se quedó atrás y advirtió que solicitará la retirada total de España del Mundial si no se le concede albergar el partido final. La tensión cruzó la frontera hacia Portugal, donde el partido ecologista Livre envió una carta a su Primer Ministro y a la Federación de Fútbol local exigiendo reconsiderar la participación marroquí.


















