Pirotecnia de Año Nuevo: efectos ambientales que se intensifican en las celebraciones

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El uso de fuegos artificiales durante las celebraciones de Año Nuevo genera impactos ambientales inmediatos en la calidad del aire, el suelo y la fauna, además de riesgos para la salud humana, de acuerdo con organismos ambientales y centros de investigación.


La pirotecnia libera partículas finas (PM2.5), metales pesados y gases contaminantes que se dispersan en la atmósfera en lapsos cortos pero intensos. Estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierten que estas partículas pueden agravar padecimientos respiratorios y cardiovasculares, especialmente en niñas, niños, personas adultas mayores y quienes viven con asma.

En México, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) ha señalado que los residuos de la pirotecnia —como cartón, plástico y restos químicos— suelen quedar en calles y cuerpos de agua, contribuyendo a la contaminación del suelo y afectando ecosistemas urbanos. Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) han documentado que el estruendo y las luces intensas alteran el comportamiento de aves y otras especies, provocando desorientación, estrés y desplazamientos forzados.

A nivel internacional, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) ha reportado incrementos temporales de contaminación del aire durante eventos masivos con fuegos artificiales, lo que refuerza la preocupación por su uso recurrente en festividades. Algunas ciudades han comenzado a promover alternativas como espectáculos de luces LED o drones, con el objetivo de reducir emisiones y residuos.


Aunque la pirotecnia forma parte de tradiciones festivas, especialistas y autoridades coinciden en la necesidad de evaluar su impacto ambiental y fomentar opciones menos contaminantes para futuras celebraciones.