Julieta Coria/Grupo Marmor
“Ya me quiero ir al cielo. Hay mucho sufrimiento”. Con estas palabras, una niña que enfrenta una dura batalla contra el cáncer expresó a su madre el profundo cansancio físico y emocional que vive a causa de la enfermedad. Su testimonio, breve pero devastador, ha conmovido a miles de personas por la crudeza con la que refleja el dolor que muchos menores enfrentan en silencio.
La frase no solo evidencia el impacto del cáncer infantil, sino también el desgaste que provocan los tratamientos prolongados, las hospitalizaciones constantes y el miedo permanente al dolor. En voz de una niña, estas palabras adquieren una carga emocional que sacude conciencias y rompe la idea de que la infancia debe estar ligada únicamente a juegos y risas.
Especialistas señalan que, aunque los niños no siempre comprenden del todo la magnitud de su enfermedad, sí son plenamente conscientes del sufrimiento que experimentan. El agotamiento emocional puede llevarlos a expresar deseos de descanso o escape, lo que vuelve indispensable el acompañamiento psicológico tanto para los menores como para sus familias.
El caso ha generado una ola de mensajes de solidaridad y reflexión en redes sociales, donde usuarios han llamado a fortalecer el apoyo a niñas y niños con cáncer, así como a visibilizar la importancia de una atención médica digna, integral y con enfoque humano.
Más allá de la conmoción, la súplica de esta niña se convierte en un recordatorio doloroso pero necesario: detrás de cada diagnóstico hay una historia de lucha, amor y resistencia que merece ser escuchada, acompañada y atendida con empatía.


















