Sinaloa celebra a Jesús Malverde: El “santo de los narcos” y los pobres cumple 117 años de leyenda

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Redacción / Grupo Marmor

El pasado 3 de mayo de 2026, la ciudad de Culiacán, Sinaloa, se convirtió una vez más en el epicentro de la veneración a Jesús Malverde, figura central de la narcocultura en México.

Miles de fieles se congregaron en su capilla, ubicada frente al Palacio de Gobierno de Culiacán, Sinaloa, para conmemorar su aniversario luctuoso número 117 en una celebración que mezcla fe, folklore y excesos. El festejo inició desde los primeros minutos del día con música de tambora, el tradicional baño del busto con whisky y champaña, y el desfile de la imagen sobre el cofre de una camioneta por las calles de la ciudad.

De acuerdo con la tradición, Jesús Juárez Mazo, mejor conocido como Malverde, fue un criminal de principios del siglo XX que robaba a las élites para repartir el botín entre los más necesitados de Culiacán. Su apodo surgió de su modus operandi, pues se ocultaba entre la hierba alta y los platanales para asaltar, siendo apodado el “mal verde”.

Aunque historiadores no han confirmado su existencia y la Iglesia Católica no lo reconoce como una figura consagrada, el pueblo lo ha elevado a la categoría de santo apócrifo, atribuyéndole el papel de protector de las causas difíciles y marginados.

Desde hace algunas décadas, Malverde ha sido adoptado como el patrono del narcotráfico, sus seguidores, que incluyen desde personas en situación de pobreza hasta integrantes del crimen organizado, acuden a pedirle fortuna, protección contra grupos rivales o ayuda para localizar a familiares desaparecidos y como muestra de agradecimiento por los favores recibidos, los fieles dejan ofrendas que incluyen arreglos florales, tabaco, dinero en efectivo, joyas de oro e incluso botellas de licor de alta gama.

El personaje se ha convertido en un ícono de la identidad popular en gran parte de México: su historia ha sido inmortalizada en corridos, como “El Bandido Generoso” de Chalino Sánchez, y su capilla actual ha cumplido ya 50 años como un sitio de peregrinación intocable donde, según los testimonios, el “santo” no juzga a quien acude a él, atendiendo por igual a narcos, policías, enfermos y desvalidos.