¿Realmente puedes morir de tristeza? La ciencia tiene una respuesta

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Julieta Coria/Grupo Marmor

La frase “morirse de tristeza” es común en el lenguaje cotidiano, pero ¿qué tan cierta es desde el punto de vista científico? Especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) explican que el duelo no sólo afecta las emociones, sino también el funcionamiento del cerebro y diversos procesos físicos del organismo.

De acuerdo con expertos de la máxima casa de estudios, cuando una persona enfrenta la pérdida de un ser querido se activan circuitos cerebrales relacionados con la tristeza, la memoria y el apego emocional. Durante este proceso pueden presentarse alteraciones temporales en regiones vinculadas con el control emocional, la toma de decisiones y el manejo de recuerdos.

Los especialistas señalan que el duelo genera cambios neuroquímicos en sustancias como la serotonina, la dopamina y la oxitocina, lo que puede provocar sentimientos de vacío, ansiedad, insomnio, pérdida de interés en actividades cotidianas y una profunda sensación de tristeza.

Además del impacto emocional, el cuerpo también resiente la pérdida. El duelo intenso puede afectar el sistema inmunológico, alterar el sueño, el apetito y aumentar el estrés. En algunos casos extremos se ha documentado el llamado “síndrome del corazón roto”, una afectación cardiaca temporal asociada a situaciones de gran carga emocional.

Aunque la mayoría de las personas logra adaptarse gradualmente a la pérdida, los expertos advierten que cuando el dolor persiste durante meses e impide retomar la vida cotidiana, es importante buscar ayuda profesional para evitar complicaciones como depresión, ansiedad o estrés postraumático.

Por ello, la UNAM enfatiza que el duelo es un proceso natural que requiere tiempo, acompañamiento y espacios para expresar las emociones, recordando que pedir ayuda también forma parte de sanar.