Redacción/Grupo Marmor
Muchas personas aseguran que durante los días lluviosos sienten más apetito, y la ciencia ofrece una explicación. Especialistas señalan que el descenso de la temperatura obliga al cuerpo a gastar más energía para mantener su calor, lo que puede aumentar la sensación de hambre.
Además, el clima nublado y las lluvias suelen favorecer la producción de hormonas relacionadas con el estado de ánimo, lo que puede despertar el deseo de consumir alimentos calientes o ricos en carbohidratos. También es común que al permanecer más tiempo en casa aumenten los antojos por comodidad o hábito.
Expertos aclaran que este efecto puede variar en cada persona y recomiendan optar por comidas equilibradas, mantener una buena hidratación y evitar el consumo excesivo de alimentos altos en azúcar o grasa, incluso cuando el clima invite a hacerlo.



















