Redacción / Grupo Marmor
Las altas temperaturas registradas durante este verano de 2026 han generado una sensación térmica agobiante para millones de personas. Sin embargo, los especialistas aclaran que esta percepción no es una simple exageración, sino el resultado directo de 3 factores principales que interactúan entre sí: el acelerado calentamiento global, el exceso de humedad y el diseño arquitectónico de las ciudades modernas.
Como aspecto inicial, el constante cambio climático altera las corrientes de viento en la atmósfera superior y propicia la formación de los llamados domos de calor. Estos gigantescos sistemas de alta presión actúan como una tapa que atrapa el aire caliente sobre una región específica durante varias semanas, provocando que las olas cálidas sean mucho más prolongadas, intensas y frecuentes que en décadas anteriores.
A este fenómeno atmosférico se suma un incremento notable en los niveles de humedad. Al existir grandes cantidades de vapor de agua saturando el aire, el cuerpo humano pierde su capacidad natural para enfriarse, ya que el sudor no logra evaporarse con rapidez. Esta condición dispara la sensación de bochorno incluso estando a la sombra y aumenta considerablemente el peligro de sufrir fatiga o golpes de calor.
Finalmente, los científicos advierten sobre el severo impacto de la isla de calor urbana. En las grandes metrópolis, los materiales de construcción como el asfalto y el concreto absorben la radiación solar durante todo el día y evitan que el ambiente se refresque por las noches, convirtiendo a las capitales en verdaderos hornos que mantienen el calor estancado, a diferencia de lo que ocurre en las zonas rurales.



















