Julieta Coria/Grupo Marmor
Morelia, Michoacán.- El fallecimiento de un arzobispo representa un momento de luto para la comunidad católica, pero también activa una serie de protocolos establecidos por la Iglesia para rendir homenaje a su ministerio y garantizar la continuidad de la vida pastoral.
En el caso de monseñor Carlos Garfias Merlos, quien falleció este jueves a los 75 años de edad, se trataba del arzobispo emérito de Morelia, condición que asumió tras presentar su renuncia al alcanzar la edad de retiro establecida por el Derecho Canónico.
Al ser un arzobispo emérito, su deceso no deja vacante la Arquidiócesis de Morelia, ya que el gobierno pastoral continúa bajo la conducción del arzobispo en funciones, José Armando Álvarez Cano, quien actualmente encabeza la Iglesia católica en la capital michoacana.
¿Qué sucede tras el fallecimiento de un arzobispo emérito?
De acuerdo con el protocolo de la Iglesia católica, la arquidiócesis emite un comunicado oficial informando el fallecimiento y convoca a los fieles a unirse en oración por el eterno descanso del prelado.
Posteriormente se organizan las exequias —las celebraciones litúrgicas de despedida—, que suelen incluir el velorio, misas y homenajes presididos por el arzobispo en funciones o por otros obispos invitados.
Dependiendo de la decisión de la arquidiócesis y de la voluntad expresada por el propio religioso, los restos pueden ser sepultados en la catedral, en un seminario o en otro lugar de especial significado para su ministerio.
¿Qué pasa si fallece un arzobispo en funciones?
El procedimiento es distinto cuando quien fallece es el arzobispo titular de una arquidiócesis.
En ese caso, la sede queda en el estado conocido como “sede vacante”, por lo que el gobierno ordinario pasa temporalmente a un administrador diocesano, mientras la Santa Sede inicia el proceso para el nombramiento de un nuevo arzobispo.
Este procedimiento puede extenderse durante varias semanas o incluso meses, hasta que el Papa realiza la designación del nuevo pastor de la arquidiócesis.
En Morelia, sin embargo, la estructura de gobierno eclesiástico permanece sin cambios, ya que monseñor Carlos Garfias Merlos desempeñaba el cargo de arzobispo emérito, mientras que la conducción de la Arquidiócesis continúa a cargo de monseñor José Armando Álvarez Cano.



















