Redacción / Grupo Marmor
Con la llegada de septiembre, una profunda memoria colectiva despierta en los mexicanos, asociando inevitablemente este mes con los temblores. Sin embargo, a pesar de las históricas y trágicas coincidencias que han marcado fechas clave en nuestro país, la ciencia descarta contundentemente que exista una “temporada de sismos” o un incremento real de la actividad sísmica durante esta época del año.
La asociación entre septiembre y los terremotos se alimenta del impacto psicológico y de las heridas que permanecen en la memoria nacional. El 19 de septiembre de 1985, un devastador sismo marcó un antes y un después en la Ciudad de México y el país. Treinta y dos años después, exactamente el 19 de septiembre de 2017, otro poderoso terremoto causó graves daños en la capital y en diversas entidades. La coincidencia llevó la incredulidad al límite cuando, el 19 de septiembre de 2022, un tercer sismo de gran magnitud volvió a sacudir a la nación en la misma fecha.
A pesar de estos asombrosos cruces en el calendario, los expertos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Servicio Sismológico Nacional (SSN) reiteran que los movimientos telúricos ocurren a lo largo de todo el año, simplemente como resultado del constante desplazamiento de las placas tectónicas sobre las que se asienta el territorio nacional.
Los registros del SSN institución creada en 1910 y administrada por la UNAM permiten analizar estos eventos desde una escala que rebasa la experiencia de una sola generación. Bajo esta perspectiva científica estricta, la base de datos demuestra que septiembre no concentra un pico de actividad sísmica. La “temporada de terremotos” es, por lo tanto, un mito alimentado por la coincidencia y la memoria colectiva, más no respaldado por la naturaleza de la Tierra.



















