Margarita Arreola/ Grupo Marmor
El mezcal vivió su momento de moda. Hace unos años todos querían probarlo, venderlo y presumirlo. El boom generó grandes expectativas, pero el camino del agave a la botella no ha sido sencillo, reconoció el productor Ricardo Sánchez.
Hoy, dice, el destilado michoacano atraviesa un momento complejo, pero sigue siendo una apuesta de negocio, solo que no para impacientes.
El problema, explica, no siempre está en la producciónnecesariamente sino en la comercialización en un piso desigual o disparejo que se tiene respecto a otras bebidas y los impuestos en el ámbito nacional, señaló.
En México, competir contra otras bebidas con otra carga fiscal y otra distribución pone al mezcal en desventaja. Paradójicamente, a veces es más rentable mirar hacia afuera.
Exportar no es fácil, la reglamentación es compleja y cada trámite cuesta pero deja mayor ingreso. Y es que el mezcal michoacano ya cruzó fronteras y gusta; primero conquistó Estados Unidos, luego Europa y ahora empieza a colarse fuerte en el mercado asiático.
Por eso, invertir en mezcal sí puede ser negocio, pero que nadie se engañe, las ganancias no son inmediatas como en otro tipo de comercios o de modelo de negocios, advirtió Sánchez.
Es un negocio de paciencia, de años de agave, meses de producción y más tiempo de comercialización. No es moda pasajera, es destilado que representa la cultura de Michoacán de forma líquida .


















