Julieta Coria/ Grupo Marmor
Para miles de morelianos, el 15 de septiembre de 2008 era una noche de celebración, convivencia familiar y orgullo por las fiestas patrias. Sin embargo, para quienes se encontraban aquella noche en el Centro Histórico de Morelia, la fecha quedó marcada para siempre.
Mientras la plaza y sus alrededores se encontraban llenos de personas que esperaban el tradicional Grito de Independencia, dos explosiones interrumpieron la celebración y provocaron momentos de confusión, miedo y desesperación entre los asistentes.
El saldo de aquella noche dejó personas fallecidas y decenas de heridos, algunos de los cuales tuvieron que ser trasladados a hospitales para recibir atención médica. Para las familias de las víctimas, aquella celebración terminó convirtiéndose en uno de los recuerdos más dolorosos de sus vidas.
A 18 años de los hechos, las consecuencias permanecen de distintas maneras. Algunas víctimas sobrevivientes todavía viven con cicatrices, lesiones y esquirlas en el cuerpo, mientras que otras familias continúan recordando a quienes perdieron aquella noche.
Pero las huellas no son solamente físicas. Para muchos sobrevivientes y familiares, el 15 de septiembre adquirió un significado diferente. Lo que antes era una noche de fiesta, música y convivencia también se convirtió en una fecha para recordar a quienes ya no están.
Cada año, con la llegada de las fiestas patrias, el Centro Histórico vuelve a llenarse de banderas, música y familias. Sin embargo, para quienes vivieron los granadazos, el sonido de las celebraciones también puede traer de vuelta los recuerdos de aquella noche.
Este 15 de septiembre, mientras Morelia vuelve a celebrar la Independencia de México, también se mantiene viva la memoria de las víctimas de aquel atentado. A 18 años, sus historias forman parte de la memoria colectiva de la ciudad.



















