Sujey/ Grupo Marmor
A principios del siglo XX, cerca de medio millón de rinocerontes habitaban libremente en África y Asia. Hoy, esa cifra se redujo drásticamente a unos 27,000 ejemplares en estado silvestre, empujando a la mayoría de sus especies al filo de la extinción.
Cada 22 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Rinoceronte, una fecha creada para visibilizar las amenazas que acechan a estos animales. El mayor motor de su declive sigue siendo la caza furtiva: aunque el comercio internacional está prohibido y la ciencia ha demostrado que el cuerno está hecho de queratina —el mismo componente de las uñas humanas—, el tráfico ilegal persiste impulsado por mitos sobre supuestas propiedades curativas en el mercado negro. A esto se suma la pérdida continua de su territorio natural.
De acuerdo con la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), tres de las cinco especies del planeta se encuentran en peligro crítico: el rinoceronte negro, el de Java y el de Sumatra. En Asia, la situación es límite, pues el de Java sobrevive únicamente en un parque nacional de Indonesia tras haberse declarado extinto en Vietnam en 2011.
En África la situación no es menos alarmante. El rinoceronte negro occidental ya se extinguió y del blanco del norte solo sobreviven dos hembras bajo estricta custodia militar en Kenia.
Pese a casos esperanzadores como el del rinoceronte indio —que pasó de apenas 200 ejemplares a más de 4,000 gracias a programas de protección—, este Día Mundial recuerda que la batalla está lejos de ganarse. Frenar la demanda ilegal y blindar sus refugios siguen siendo las únicas vías para evitar que estos gigantes desaparezcan de la vida silvestre.



















