Redacción / Grupo Marmor
La gastronomía tradicional de Michoacán resguarda en las corundas uno de sus mayores tesoros de origen prehispánico, derivado del vocablo purépecha kúrhaunda. Consumidas desde tiempos antiguos en la región lacustre y la Meseta Purépecha, estas piezas de masa destacaban históricamente como un alimento ceremonial exclusivo para los emperadores y príncipes de la nobleza indígena de la zona.
A diferencia del tamal convencional, la receta clásica sobresale por carecer de relleno y por su singular técnica de doblado que crea figuras de 3 a 5 picos mediante hojas verdes de milpa fresca. Esta compleja elaboración artesanal posiciona al platillo como el eje central de fiestas patronales y reuniones comunitarias en localidades como Pátzcuaro, Tzintzuntzan, Cuitzeo y Zirahuén.
El legado culinario que representan las corundas aportó elementos clave para que la cocina del estado obtuviera el nombramiento de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por parte de la UNESCO. En la actualidad, este manjar suele servirse bañado en salsa roja o verde, complementado con crema, queso Cotija y guisados de carne de cerdo o rajas.



















