Javier Velázquez/Grupo Marmor
La calaverita de azúcar elaborada de manera artesanal, tradición que la familia Jiménez Baca preserva desde hace más de 125 años, se encuentra en riesgo ante la proliferación de productos industriales y de origen chino que se venden a bajo costo y con ingredientes no identificados.
Bernardino Domínguez, coordinador del Festival de la Calaverita de Azúcar, señaló en entrevista para Grupo Marmor que la competencia resulta desleal, pues mientras una pieza artesanal se comercializa de forma individual, las imitaciones se ofertan hasta tres por 20 o 40 pesos.
Explicó que la calavera tradicional se produce con azúcar glas fundida a más de mil 500 grados en cazo de cobre, vaciada en moldes de barro y decorada con betún natural, lo que la hace completamente comestible, aunque requiere cuidados para su conservación, a diferencia de las piezas industrializadas que pueden durar de un año a otro.
Lamentó que el esfuerzo artesanal sea poco valorado por los consumidores, quienes continúan regateando el precio, pese a que los costos de producción se han elevado hasta 25 por ciento en insumos como azúcar, colorantes y demás materiales para su decoración.
Indicó que esta actividad no solo representa un sustento económico, sino la continuidad de una tradición familiar que ya suma seis generaciones y que busca fortalecer la identidad mexicana a través de las festividades de Día de Muertos.
Finalmente, subrayó que defender la calaverita artesanal es conservar el sentido de las ofrendas michoacanas, donde cada alimento tiene un significado y debe ser comestible para recibir a los difuntos, labor que se mantiene vigente gracias al festival y a unas 40 familias de Capula dedicadas a la elaboración del alfeñique michoacano.

















