Redacción / Grupo Marmor
En la parroquia de Gravatá, en el estado de Pernambuco, Brasil, los asistentes a la misa dominical ya están acostumbrados a compartir el recinto con unos feligreses muy especiales: decenas de perritos en busca de una segunda oportunidad.
Esta noble iniciativa es impulsada por el padre João Paulo Araújo Gomes, quien desde hace aproximadamente una década decidió llevar su vocación de servicio más allá de los humanos. El párroco se encarga personalmente de rescatar animales en situación de calle, brindándoles refugio temporal en la propia casa parroquial. Ahí se asegura de alimentarlos, llevarlos al veterinario y llenarlos de cuidados hasta que están listos para ser presentados ante la comunidad durante las celebraciones religiosas.
Un acto de amor con resultados extraordinarios
La dinámica ha transformado por completo el ambiente de la capilla. Hoy en día, las puertas del templo están siempre abiertas para los animales, e incluso se han instalado estaciones con bebederos y alimento en el exterior para los perritos que transitan por la zona.
Gracias a este nivel de exposición y empatía, el sacerdote estima que alrededor de 200 perros han logrado encontrar un hogar amoroso. Y para aquellos pequeños que no corrieron con la suerte de ser adoptados por la congregación, el final también ha sido feliz: el propio João Paulo decidió quedarse con ellos. “Hoy son mis hijos y duermen en mi cama”, compartió el párroco, demostrando que el amor por los más indefensos es una de las mayores muestras de fe.


















