Redacción / Grupo Marmor
El inicio del otoño marca el arribo formal del ciclo de cosecha y comercialización de mandarina en México. Considerada una de las frutas predilectas en los hogares por su aporte de nutrientes y versatilidad, su distribución en mercados locales y centrales de abasto comienza a incrementarse durante las primeras 3 semanas de la estación.
Más allá de su valor en la dieta cotidiana, este cítrico funge como un motor clave para el campo en distintas regiones de la República Mexicana. La recolección anual dinamiza la economía regional y sostiene miles de fuentes de trabajo, beneficiando de forma directa a jornaleros, transportistas y pequeños productores agrícolas.
El sector prevé un abasto regular para cubrir la demanda tanto del consumo fresco como de la industria de jugos en el territorio nacional. Autoridades agrícolas y organizaciones campesinas proyectan mantener los estándares de rendimiento habituales para abastecer los puntos de venta durante los próximos 4 meses de la temporada.



















