Margarita Arreola/ Grupo Marmor
Entre figuras de madera, flores de cempasúchil y artesanía, se mantiene viva una de las tradiciones más simbólicas de la Noche de Muertos en Cuanajo, “Watsari” o caballito de madera.
“Como les digo el Watsari es una forma de armar un caballito pero aquí creemos o este que es ya porque se empezó a hacer lo de lo que se trabajaba aquí la madera y se formó en caballo. Otra de las versiones es que hay una leyend esa leyenda pues se dice que de ahí surgió nuestra ofrenda en caballito, se dice que una familia tenía una niña que se había fallecido, entonces cuando fallece esa niña pues no le llevaban ofrenda ni nada a su tumba”, apuntó Guillermina Rangel Prudencio, cocinera tradicional
La cocinera tradicional explicó que el Watsari es una forma tradicional de armar un caballito, una ofrenda que surgió del trabajo de la madera en la región y que con el tiempo tomó la forma de caballo para acompañar a las ánimas.
Detalló que existen varias versiones sobre su origen, pero una de las más contadas es una leyenda local.
Según relató, una familia había perdido a una niña y no le llevaban ofrenda a su tumba. Cuando la niña regresa a visitar a la comunidad en Noche de Muertos, no encuentra nada y vuelve al cementerio llorando porque no lleva nada consigo.
En ese lapso, su padre va al cerro, sufre un accidente y queda atorado en un tronco. Es ahí donde escucha el llanto de su hija y entiende que necesita una ofrenda.
“Entonces cuando regresa ella a visitar a la comunidad, aquí en el pueblo no ve nada y al regresar a lo que sería otra vez al cementerio, pues va chillando porque no lleva nada. En ese lapso su papá va al cerro, tiene un accidente y se queda atorado en un tronco y es ahí como él escuchó que la niña no llevaba nada y hacer esa ofrenda de llevar el caballito para que la niña subiera al caballo y fuera montada a llevar al regreso ya de su visita.”
El caballito de madera dijo, simboliza el medio que ayuda a las ánimas, principalmente a las de los niños, a regresar al mundo de los muertos cargadas de las ofrendas que sus familias les colocan.
La tradición indica que los padrinos y los familiares directos son los encargados de llevar la ofrenda más grande, es decir el caballito de mayor tamaño y también con más elementos, sin embargo cualquier persona puede ir a la casa de los dolientes a presentar su respeto o a llevar alguna de este tipo de ofrenda que puede ser flores, fruta, incluso dulces o bebidas embriagantes si eran del gusto del difunto.
En agradecimiento por este acompañamiento y el arropo que se hace a la familia, esta entrega tamales y atole, en particular tamales de carne de cerdo con salsa roja y tomatillo silvestre que da un toque único y espectacular a este platillo, en el caso de los atoles pueden ser variados, de diversos sabores para acompañar el delicioso tamal que se realiza de manera conjunta entre múltiples personas de la comunidad.”
















