Margarita Arreola/ Grupo Marmor
La comunidad de Coanajo recibió este día a visitantes y turistas de Cataluña, Colombia, El Salvador, Veracruz y de Morelia, acompañados por guías de diversas agencias de viaje, para compartir una de las tradiciones más íntimas de la Noche de Ánimas: la entrega del caballito.
Los visitantes primero conocieron el proceso de elaboración de los caballitos tradicionales, esas figuras de madera con las que se lleva la ofrenda a casa de los dolientes. Después, los cargaron en hombros y recorrieron las principales calles de esta población purépecha para finalmente depositarlos en las casas donde se colocaron altares para las personas que fallecieron este año.
La tradición indica que son los padrinos y los familiares directos quienes llevan la ofrenda más grande, el caballito de mayor tamaño y con más elementos.
Sin embargo, cualquier persona puede llegar a casa de los dolientes a presentar su respeto con flores, fruta, dulces o incluso bebidas embriagantes si eran del gusto del difunto.
En agradecimiento por ese acompañamiento, la familia entrega tamales y atole.
Al preguntar a los dolientes cómo perciben la presencia de personas externas a su duelo, se dijeron abiertos y dispuestos a mostrar su cultura, siempre y cuando haya respeto.
Algunas de las casas visitadas se dijeron complacidas de recibir a cualquier persona, sean pocos o muchos. Por eso se preparan con antelación para compartir alegrías, nostalgia y recuerdos de su ser querido.
Dejaron claro también que no es una obligación ni una invitación forzada a que el turismo deba ser parte de sus rituales o de su alimentación. Pero en los hogares purépechas de Coanajo, a quien llegue con respeto e interés por conocer la forma en que honran a las almas que regresan el 1 y 2 de noviembre, se le trata por igual.


















