Margarita Arreola/ Grupo Marmor
En Cuanajo no se celebra la muerte como muchos piensan desde afuera. Aquí, en esta comunidad artesanal de Pátzcuaro, lo que se celebra en Noche de Ánimas es la vida, y se honra la memoria de quienes partieron.
Dos altares, dos historias, lo explican todo.
En la casa de la señora Hilda Victoria, el altar es para su cuñado, Joel García Jacobo, fallecido este año. Como marca la tradición purépecha, se levantó la ofrenda en su hogar, acompañada del tradicional caballito cargado de frutas, pan y flores.
Entre lágrimas, Hilda contó que esta fecha es una mezcla que duele y abraza a la vez: nostalgia, tristeza, dolor, pero también alegría por el reencuentro esperado durante meses.

Visiblemente conmovida, narró que su cuñado no era solo cuñado, era su hermano pequeño. Cuando ella se casó con su esposo, él era apenas un adolescente y prácticamente hicieron vida juntos. Fue su familia, de sangre y de corazón, la que lo cuidó y lo acompañó hasta sus últimos días. Y es esa misma familia la que hoy hace fiesta para honrarlo.
A unas cuadras de ahí, en la que fue su casa de niño, está el altar de Beltran
Aunque vivió más de cuarenta años en Estados Unidos, en el estado de Oregón, su familia lo esperó aquí, en Cuanajo, donde nació.
Su hermano, Antonio Ramos de Jesús fue encargado de montar el altar, lo describió como un hombre extremadamente bondadoso y espiritual, “de esas personas que se quitan el bocado de la boca para compartirlo”.
Recordó que fueron de los primeros migrantes en cruzar la frontera no solo con maletas, sino con artesanía. En Oregón replicaron el tallado en muebles, la pintura, las figuras y la reconocida técnica de la uñita que distingue a Cuanajo.
A pesar de esa vida binacional, dijo, nunca se perdió la raíz. Siempre hubo amor por las tradiciones. Por eso, para Cuanajo, es tan importante mantener viva la forma en que las comunidades purépechas de la zona lacustre del Lago de Pátzcuaro entienden la vida y la muerte: no como un final, sino como un regreso a casa.
Ambos entrevistados refieren que la celebración es una fiesta para honrar la vida, por eso es tan importante compartir, seguir haciendo comundiad, trabajo compartido entre la colectividad de la localidad, explicaron que es muy importante hacer un difusión correcta de la tradición, ya que ellos reciben a todo el mundo en sus casas, pero el respeto debe prevalecer a su tradición, escuchar, observar y no juzgar.
















